EL PROJECTE ORIOL

El Projecte Oriol neix el 5 de gener de 2012 com a resposta social a:

1.- Donar una resposta econòmicament viable a persones amb un grau de discapacitat psíquica que precisin d'un suport intermitent o limitat per a les seves AVD (Activitats de la Vida Diària).

2.- Proporcionar una manera de guanyar-se la vida a persones que per la raó que sigui poden prestar el servei que se'ls hi demana.

En sí el Projecte Oriol consisteix en una oferta (cartera) de llars de convivència on puguin conviure-hi 1 o 2 persones amb els titulars de la mateixa a través d'un contracte de convivència que inclou una sèrie de funcions de cuidador. Dites llars es troben supervisades i assistides en matèria d'assistència psiquiàtrica i social pel Gabinet del Dr. Peris.

PER MÉS INFORMACIÓ SOBRE PLACES o EL PROJECTE: 93-125.15.02 - 93-008.31.49 - gabinetperis@gmail.com

sábado, 29 de septiembre de 2012

TRASTORNO ANTISOCIAL-2/4. El Trastorno Disocial (niños malos)

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El Trastorno Disocial (Niños malos)-2

Las personas suelen preguntarse cómo se originan estas personalidades. A mi entender siguen dos modelos distintos en apariencia, en función de los padres y los eventos constantes educativos entre los cuales cuenta mucho el entorno cultural y el micro-entorno social.

En relación al entorno socio-cultural inmediato del menor, el DSM-IV especifica que si la conducta disocial es la aceptada por su entorno socio-cultural, no se puede realizar dicho diagnóstico ya que este patrón en dicho entorno no será “raro” (léase pandillas, barrios marginales, etc.).

Genéticamente son personas con menos capacidad emotiva que la media, mayor impulsividad y con dificultades atencionales. Con todo, siempre encontraremos variaciones o las circunstancias ambientales las pueden haber modificado de bien pequeños (traumas).

Para que la educación incida sobre la personalidad de estos chic@s ha de cumplir uno de estos 2 requisitos:

1.- Transmisión afectiva nula, con ejercicio de la violencia por parte de los padres.
2.- Roles paternos opuestos en el binomio proteccionismo vs ausencia/periferia.


1.- Transmisión afectiva nula, con ejercicio de la violencia por parte de los padres.

Este origen que no es el más frecuente (lo es el siguiente) pero sí que hay suficientes casos como para comentarlo.

Se trata de parejas que ya tuvieron este mismo diagnóstico en la infancia y que luego demostraron ser personalidades del clúster B (fundamentalmente). Dicho clúster contempla los Límite, Antisociales, Histriónicos o Narcisistas (véase el link siguiente para más detalles: http://projecteoriol.blogspot.com.es/2012/04/los-trastornos-de-la-personalidad-3.html).

La dinámica de relación familiar que establecen no se basa en lo afectivo hacia el hij@ sino en sus egoísmos combinados. La característica principal es la no empatía con sus hijos a nivel afectivo. La transmisión educativa se basa en la inmadurez, en la impulsividad y en lo antisocial.

Puede haber violencia física o psíquica y todo se impone y se razona por el dominio de uno a otro.

Dicho aprendizaje lo empieza a practicar el/la menor con el objetivo doble de recibir atención (aunque sea negativa) y de conseguir sus objetivos.

Hemos de recordar que la atención negativa es mejor que la no atención. Los niñ@s se saben dependientes de sus padres y la necesidad genética de aprender les lleva a imitar (de pequeños) las conductas que, observan, reportan resultados a su necesidad de satisfacción.

Así los valores que se transmiten es que un@ solo es válido para conseguir la cuota vital de placer (satisfacción) si es manipulador y/o dominante (tirano o dictador).

El afecto queda fuera de lo relacional y solo prevalece el dominio sobre el/los otros para conseguir el objetivo, el cual es el PODER. Evidentemente el Poder puede ser económico, físico, material o simplemente sobre los otros.

La impulsividad, la frialdad, la manipulación verbal o física, la carencia de la capacidad de querer (estimar, amar), la intimidación, la falta total de respeto (humano) y el deseo inmediato de satisfacción, los acaban definiendo.

Comentemos aquí algo común tanto del Trastorno disocial como de los otros trastornos del clúster ‘B’): el fracaso escolar.

El fracaso escolar en estos chic@s se debe a la falta de aprendizaje de los conceptos de perseverancia y dedicación.

El patrón que se transmite es el de obtener las cosas cuando uno las desea y por la fuerza. Ello hace que los estudios se vean como algo contrario a lo aprendido: esforzarse, perseverar, dedicar horas, hacer los deberes, mirar la agenda, etc., no es algo que se positivice ni se incentive en su educación. Por ello, los estudios son algo que uno ha de ignorar. La cuota de satisfacción se obtiene a través de las gamberradas, las peleas, el absentismo. No importa nada porque nada escolar vale el esfuerzo si se puede conseguir a la brava.


2.- Roles paternos opuestos en el binomio proteccionismo vs ausencia/periferia.

Aquí conviven diferentes modelos familiares: Familias monoparentales, Familias sobreprotectoras, Familias donde la madre es sobreprotectora y el padre es periférico (con o sin intervención aguda, puntual y desajustada).

El modelo es femenino en relación al padre educador, aunque no hemos de olvidar que hay un porcentaje interesante (interesante pero no significativo) de casos donde hay una inversión de roles.

Por cualquiera de las 3 razones comentadas más arriba, la madre no sabe transmitir que lo deseado tiene un valor afectivo. Son madres que se dan sin condiciones a su hijo (varón). Aunque lo intenten, no son capaces de transmitir y educar el concepto de tolerancia a la frustración. Pero no lo hacen porque no amen a su hijo, sino que lo hacen por qué interiormente no pueden oírlo llorar y por ende cualquier otra manifestación de “no satisfacción”.

Por otro lado, el padre o bien es un ser débil, o bien es un padre periférico (forzado o no). Veamos:

Un padre débil tanto lo puede ser porque actúe como una madre sobreprotectora (ello es anecdótico pero sucede), como porque la madre lo haya apartado del proceso educativo del hijo, como porque él sea insensible al concepto aceptado de familia (padre que no participa en nada en la educación de su hijo, tiene sus propios intereses).

Sea cual sea el caso (que evidentemente aportan las diferencias), el padre no ejerce su rol educativo como padre. Bien porque malcría, bien porque se aparta (deja de existir) con el riesgo añadido de que sienta celos y rechace o ignore a su hijo, bien porque no sepa transmitir cariño alguno de manera sincera, espontánea y real. Pero aparte de ello, el padre no instruye al hijo en algo de necesidad tan cierta como la disciplina (aplicación, perseverancia, tolerancia a la frustración, sociabilidad).

Pero, rizando más el rizo hay padres del tipo periférico y subtipo me-apartaron o voy-a-la-mía que intervienen únicamente para terminar situaciones conflictivas entre los hermanos o entre el hijo y las madre a través de la violencia sin sentido y los castigos inmediatos desproporcionados a la acción o al suceso.

Todo ello va dando un modelo de conducta al menor que en la adolescencia se introyectará no como un modelo a seguir sino como una pauta propia de conducta. Ello definirá su personalidad.

La manifestación de éste prototipo de personalidad la encontraréis en la anterior entrada:

Tratamiento
Aunque este no es el objetivo de dicho capítulo, os diré que el tratamiento pasa por los padres antes de la adolescencia. Luego hay que combinar el abordaje de los padres y de los propios hijos. Los fármacos tipo sedantes a muy bajas dosis o los antiepilépticos usados como inhibidores de la impulsividad pueden ayudar al hijo a contener su impulsividad.

En la próxima entrada veremos ya lo que sigue a partir de los 18 años con estas personas llamadas disociales (menores de edad); Es decir, el trastorno antisocial de la personalidad.

jueves, 27 de septiembre de 2012

TRASTORNO ANTISOCIAL-1/4. El Trastorno Disocial (niños malos)

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También se denomina a este diagnóstico con los adjetivos “psicópata” o “sociópata”.

El concepto que transmiten dichos calificativos es el de la oposición a la sociedad o el de enfermos sociales.


A dichos conceptos también se aúna la imagen de “daño al otro”, perversión, manipulación, etc. Quizás los términos sociópata y psicópata llevan una carga emocional mayor que el término antisocial en el sentido que la imagen que los representa es de más violencia social (en su más amplio significado) que la palabra antisocial que parece definir más una postura personal de oposición que no un daño a los demás.

El DSM-IV define dicho trastorno como: “La característica esencial del trastorno antisocial de la personalidad es un patrón general de
desprecio y violación de los derechos de los demás, que comienza en la infancia o el principio de la adolescencia y continúa en la edad adulta.

A mí me resulta más esclarecedora la siguiente definición: El objetivo del Antisocial es conseguir dominar al otro a fin de conseguir satisfacción.

Para mí expresa mucho mejor los rasgos fundamentales o vitales de dichas personas. Enfatizo en el concepto de satisfacción o placer porque ello nos define la voluntad de la persona. Un antisocial realmente desprecia y viola los derechos de los demás ya que los demás son meras herramientas para conseguir sus fines. Y a más a más obtiene satisfacción no solo con la obtención de resultados (dinero, favores, sexo, drogas, etc.) sino en el propio proceso: dominio, escarnio, vejación del otro.

La definición del DSM-IV incluye otra condición ‘sine qua non’: se inicia en la infancia o preadolescencia (sitúa la edad en 15 años o antes) y continúa pasada la adolescencia.

Es decir, ya en la infancia hemos de encontrar rasgos de dicha personalidad que se ponen más de manifiesto conforme el individuo crece y que se manifiestan de manera absoluta como mínimo antes de los 15 años y los seguimos encontrando a partir de los 18.

Hay otra condición que expresa el DSM-IV y es la necesidad de que antes de los 15 años hubieran rasgos o diagnóstico cierto del llamado Trastorno Disocial (seguidamente hablaré de él).

Es decir, por definición no podemos diagnosticar un trastorno antisocial de la personalidad si no hay rasgos disociales antes de los 15 que pudieron haber dado lugar al diagnóstico de trastorno disocial.

Y a más a más se añade: la persona ha de ser mayor de 18 años.

Cuando esta última condición no se cumple, solo podemos hablar de comportamiento antisocial del adulto.

Ya sé que todo ello es un poco embrollado. En resumen dice que para poder hacer el diagnóstico de Trastorno Antisocial de la Personalidad, de manera obligatoria la persona que lo padece ha sido o podría haber sido diagnosticado de Trastorno Disocial antes de los 15 años y ahora ha de tener como mínimo 18.

Para entender los antecedentes infantiles hemos de hablar del Trastorno Disocial.


Trastorno Disocial

En el DSM-IV el Trastorno Disocial se incluye en el capítulo “Trastornos por déficit de atención y del comportamiento perturbador” el cual se encuentra en la categoría de “trastornos de inicio en la infancia, niñez o adolescencia”.

En dicho capítulo se contemplan 3 trastornos: el TDAH (Trastorno por Déficit de Atención con hiperactividad), el Trastorno Disocial y el Trastorno Negativista y Desafiante.

La definición del Trastorno Disocial es: “Un patrón repetitivo y persistente de comportamiento en el que se violan los derechos básicos de otras personas o normas sociales importantes propias de la edad.” Otra condición que se dicta para el diagnóstico es que dicho trastorno se origine como muy tarde a los 10 años de edad.

¿Y qué se entiende por violar derechos o normas sociales?

Pues el DSM-IV los define así: 3 o más de cualquiera de las siguientes conductas de manera repetitiva (3 o más en los últimos 12 meses y por lo menos 1 en los últimos 6 meses.

Agresión a personas y animales
(1) a menudo fanfarronea, amenaza o intimida a otros
(2) a menudo inicia peleas físicas
(3) ha utilizado un arma que puede causar daño físico grave a otras personas (p. ej., bate, ladrillo, botella rota, navaja, pistola)
(4) ha manifestado crueldad física con personas
(5) ha manifestado crueldad física con animales
(6) ha robado enfrentándose a la víctima (p. ej., ataque con violencia, arrebatar bolsos, extorsión, robo a mano armada)
(7) ha forzado a alguien a una actividad sexual

Destrucción de la propiedad
(8) ha provocado deliberadamente incendios con la intención de causar daños graves
(9) ha destruido deliberadamente propiedades de otras personas (distinto de provocar incendios)

Fraudulencia o robo
(10) ha violentado el hogar, la casa o el automóvil de otra persona
(11) a menudo miente para obtener bienes o favores o para evitar obligaciones (esto es, «tima» a otros)
(12) ha robado objetos de cierto valor sin enfrentamiento con la víctima (p. ej., robos en tiendas, pero sin allanamientos o destrozos; falsificaciones)

Violaciones graves de normas
(13) a menudo permanece fuera de casa de noche a pesar de las prohibiciones paternas, iniciando este comportamiento antes de los 13 años de edad
(14) se ha escapado de casa durante la noche por lo menos dos veces, viviendo en la casa de sus padres o en un hogar sustitutivo (o sólo una vez sin regresar durante un largo período de tiempo)
(15) suele hacer novillos en la escuela, iniciando esta práctica antes de los 13 años de edad.

En la próxima entrada hablaré más sobre el significado del Trastorno Disocial para poder entender bien el Trastorno Antisocial.

martes, 25 de septiembre de 2012

REHABILITACIÓN EN SALUD MENTAL, reflexiones 4/4

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Bien, ahora llegamos a la gran pregunta: si el concepto de rehabilitación nos viene corto, quizás hayamos de resituarlo y encontrar otra manera de hablar de cómo conseguimos al máximo que la persona no se quede al margen de la sociedad. Llámesele de manera informal: rehabilitación, reinserción o inserción pero maticemos lo que significa.

Para ello hemos de pararnos a pensar qué es lo que cada persona con su patología (y por ende diferentes grupos) puede llegar a conseguir dedicándole esfuerzos y ayudas.

Huyamos de la rehabilitación ya que ello es el objetivo último. Y me explicaré sobre el por qué pienso de esta manera.

Cogiendo el esquema de la OMS cuando formuló sus objetivos en el tratamiento integral de las toxicomanías, se puede extrapolar perfectamente a la rehabilitación en salud mental para todos los grupos de casos que hemos estado comentando hasta ahora.

Así, los objetivos quedarían definidos por orden jerárquico de prioridad así:

1º Evitar la muerte social: evitar la marginación, aportar el soporte necesario para la manutención o inclusión de la persona en cualquier ámbito social que favorezca la más mínima relación. Favorecer con los fármacos actuales que la persona pueda encontrarse lo más lúcida y estable posible teniendo siempre en cuenta el aspecto social (deseo de relacionarse, efectos indeseables vistosos –babeo, desequilibrio corporal o movimientos involuntarios, embobamiento, somnolencia, enuresis o encopresis, temblores, falta de parpadeo, protrusión lingual, etc.-).

2º Mejorar la calidad de vida de la persona una vez superado el riesgo de muerte social. Ello significa atender a las siguientes necesidades y convertirlas en objetivos sociales:
        a.- Soporte, Ayuda o Acción en el mantenimiento de las Actividades de la Vida Diaria Básicas: comer, lavarse, vestirse, arreglarse, tratamiento de la incontinencia, uso del lavabo, deambulación, supresión de las barreras arquitectónicas.
        b.- Actividades de la Vida Diaria Instrumentales: Uso del teléfono, compras básicas, colaboración en la preparación de la comida, colaboración en el orden y mantenimiento de la higiene del espacio que ocupa, colaboración en el aseo de la ropa, acceso a medios de transporte público, sensibilización y concienciación en las pautas farmacológicas, comprender y participar activamente en el manejo de su economía.
        c.- Atención a la dimensiones psicológica y social básicas: trabajo sobre la capacidad de concentración y la memoria a corto plazo, competencia personal (relación con la familia, relación con los demás, capacidad de desarrollar con éxito actividades productivas –aunque sean mínimas, talleres), entrenamiento en la toma de decisiones habituales ante dos o más opciones, entrenamiento en la resolución de conflictos ante dicotomías u obstáculos.
        d.- Atención a las relaciones personales y afectivas básicas: relaciones familiares, habilidades sociales complejas (iniciar, participar o mantener una conversación elemental –tiempo, futbol-) habilidades sociales avanzadas (saber pedir, saber ayudar, saber agradecer, saber disculparse), expresión y comprensión de los afectos (reconocer los propios sentimientos y los de los demás, valorar y responder en justa medida a los enojos propios y de los demás), capacidad de pacificación (saber pedir permiso, compartir, ayudar a los demás, negociar, mantener un mínimo autocontrol ante las frustraciones, practicar en el entendimiento del concepto “broma”, saber defender sus derechos de manera pacífica, saber rehuir peleas físicas o dialécticas).
        e.- Sexualidad: aprendizaje, respetar y hacerse respetar.
        f.- Bienestar personal e integración: saber desarrollar áreas de interés (intereses y motivaciones), uso positivo del tiempo libre (actividades), capacidad de disfrutar del entorno comunitario (conocimiento de dicho entorno y su oferta, disfrute del mismo y planificación de dicho tiempo).

3º Rehabilitar o habilitar a la persona. Ello significa que la persona no tiene ninguna dificultad o problemática en las áreas individuales, familiares, sociales, formativo-laborales y legales. Ello significa ser autónomo y autosuficiente. Ello se expresa o representa por un éxito total en los objetivos referidos en el punto 2.

Las personas que atendemos en el Projecte Oriol , al proceder en entidades hospitalarias o residenciales, presentan en su ingreso un exceso de dependencia en relación a sus capacidades observadas. Ello no se debe al descuido sino que procede directamente de la operatividad de los centros residenciales: es menos costoso en tiempo y personal duchar, dar la comida, hacerles la cama, etc. que enseñarles a hacerlo.

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Nuestra ventaja asistencial consiste en la dedicación de una o más personas en dar soporte e instruir a un único o como máximo 2 residentes. Así el primer objetivo que se marca desde el ingreso del residente es el aprendizaje, recuperación de lo aprendido y su manutención asistida en todo aquello que atañe de manera muy directa a la persona: aseo diario, dientes, barba, uñas de pies y manos, vestir y arreglarse, higiene y orden de su habitación y del resto de las dependencias comunes, participación en el proceso del lavado, secado, planchado, plegado y ordenación de la ropa y calzado, participación en el acto de la nutrición (mesa, cocina, mesa, limpieza), mínimos conocimientos de la zona micro-comunitaria y social (locales, paseos), refuerzo en la identificación de situaciones de posible conflicto, refuerzo en la identificación personal en caso de desorientación u otros avatares (documentación, uso del teléfono, uso de los transportes públicos, taxis o policía), manejo del dinero de bolsillo, manejo de compra (tabaco, prensa, alimentos), disminución del consumo de tabaco y del café y un largo etcétera. Y todo ello en orden cronológico.

Y ello lo digo porque a veces la gente piensa que lo más importante es poner como objetivo su autonomía plena y ello, muchas, muchas veces es utópico e imposible de entrada. Hay que empezar a andar pero comenzando por lo más simple que a la vez es lo más fundamental: las actividades básicas e instrumentales de la vida diaria (referidas en el punto 2).

No olvidemos que solo desde el planteamiento de superación de mínimos podemos ofrecer a la persona la satisfacción de superarse. De otra manera podemos caer como dadores de soporte en la frustración y, lo que es peor, podemos trasladar esta frustración a la persona que atendemos y ello sería devastador para el equilibrio emocional de la persona.

El resumen sería “no le pidas peras al olmo” o “quien mucho abarca, poco aprieta” o “deprisa y bien no caminan nunca juntos” y tantos otros refranes o sentencias populares que dictan el proceder correcto en este campo.