SALUT MENTAL

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domingo, 10 de junio de 2012

DEPRESION EN MENORES y ADOLESCENTES-3, indecisión, endógena


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BLANCO O NEGRO

Hay otro tipo de estado depresivo que tiene que ver con la imposibilidad de escoger entre dos opciones, generalmente opuestas y excluyentes. La causa de caer en este tipo de depresión suele ser el agotamiento psíquico.

Pondremos un ejemplo: imaginémonos un señor que tiene un burro en la era. El hombre se ha despistado y no ha dado de comer ni de beber al pobre animal en días. El burro se encuentra en el centro de un patio circular, atado con una cuerda a una estaca, de manera que puede recorrer todo el patio.

Cuando el hombre se da cuenta le pone un cubo de agua en un extremo del patio y en el extremo opuesto le pone un cesto con comida.

El animal se pone contento y desde el centro se acerca a uno de los recipientes, pongamos que al de la comida. Pero cuanto mas se acerca mas sed tiene, de manera que retrocede para ir a beber agua. Entonces le pasa lo contrario, cuanto mas se acerca al agua más hambre tiene. Total, que al final el pobre animal se muere de hambre y de sed. No ha sido capaz de escoger una opción de entre dos deseadas.

Muchas situaciones en nuestra vida pasan por este ejemplo: Escoger entre dos personas incompatibles pero necesarias (p.ej: dos personas que amamos).

Arriesgarse a dejar un trabajo seguro para iniciar otro no tan seguro pero más deseado. Hacer algo que nos gusta pero que no estará bien visto por el grupo social al que pertenecemos y al que le damos mucha importancia.

Estas situaciones suelen llevar al agotamiento psíquico y provocan sintomatología depresiva, ya que hasta que no encontremos la solución no dejaremos de darle vueltas y cada vez emplearemos más energía hasta que la necesidad de decidir eclipsará cualquier otro interés vital.

Muchas veces, la persona no es demasiado consciente de lo que le pasa hasta que alguien le ayuda a darse cuenta.

Los adolescentes son a menudo presa de estas situaciones paradójicas. Se les debe ayudar a indagar los dos deseos y animarles a tomar una decisión.


DEPRESIÓN SIN CAUSA O ENDÓGENA

Finalmente, no querría cerrar el tema de las depresiones sin hablar de la que tiene una causa endógena. Es decir, aquella que no encontramos una relación causa-efecto. Que no se recuerda exactamente cuando se inició y que se va instalando progresivamente en la vida de quien la sufre.

Generalmente son depresiones que indican una predisposición genética y no es difícil encontrar antecedentes familiares.

Generalmente este tipo de depresión hace su primera aparición entre los 25 y los 45 años pero también es cierto que hay en la infancia y en la adolescencia.

Hay una serie de síntomas que son mas frecuentes en niños y adolescentes y que se deben tener en cuenta en el momento de valorar una posible depresión endógena.

Así en los niños es mas frecuente encontrar crisis de ansiedad por separación (el niño no acepta la idea de la madre o el padre se vayan de su lado), quejas somáticas constantes, irritabilidad exagerada y aislamiento social.

En los adolescentes: irritabilidad, lentitud física, exceso de horas de sueño.

Pero sí que hay una constante: en niños y adolescentes las depresiones mayores suelen ir asociadas a otros problemas mentales, déficit de atención, hiperactividad, trastornos de la alimentación, conductas marginales (droga, delincuencia), problemas de ansiedad.

Es necesario que un profesional haga un diagnóstico correcto ya que lo que en un principio puede parecer otro problema, puede ser una forma de presentarse una depresión grave.

Así un niño o un adolescente siempre irritable, intolerante, travieso o delincuente, que consume drogas en exceso, puede estar manifestando sintomatología depresiva. La depresión se puede tratar bien, tanto a nivel farmacológico como psicoterapéutico pero, antes, es necesario un diagnóstico correcto.

Entonces, a menudo las conductas asociadas suelen estabilizarse o desaparecer. De otra manera podemos intentar tratar la sintomatología asociada y fracasar en el intento.

Aquí acabamos el capítulo de la depresión en menores y adolescentes.

jueves, 7 de junio de 2012

DEPRESION EN MENORES y ADOLESCENTES-2, adaptativa y duelo


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LAS DEPRESIONES ADAPTATIVAS

Hay diferentes situaciones en la vida que pueden conducir a la persona a un estado depresivo. Las más frecuentes son los llamados trastornos adaptativos que cursan con estado de ánimo depresivo y las reacciones de duelo (muerte o separación).

Los trastornos adaptativos son reacciones desproporcionadas a un estresante psicosocial, como por ejemplo un fracaso académico, una separación afectiva. Es como si la persona no pudiese superar la situación traumática interior por mucho tiempo que pase.

Los adolescentes son bastante sensibles a las situaciones frustrantes y pueden reaccionar con una gran pérdida de la autoestima o de la seguridad personal.

Pensamientos de minusvalía personal, sensaciones de ser rechazado por los otros o de no pertenecer a la sociedad “normal”, se instalan en ellos y provocan un atraso en su madurez.

Pensamientos negativos sobre uno mismo y en relación a los otros pasan a ocupar de forma recurrente y obsesiva el contenido ideario de los chicos y chicas. Se instala la desesperanza, la sensación de vacío, de fracaso. El adolescente detiene su evolución para dar vueltas y más vueltas sobre el resultado interno de los acontecimientos. Se produce un bloqueo y la persona no es capaz de salir.

No valen los ánimos dados por los otros, ni las amenazas. La compasión a menudo empeora el cuadro al provocar aun más una autoimagen de impotencia e inutilidad.

Estar unos días triste o desvalido por un acontecimiento estresante es la reacción normal.

Caer en un espiral de días, semanas o meses de sentimientos negativos requiere una intervención especializada doble: psiquiátrica y psicoterapéutica.

Se debe entender al adolescente desde la comprensión, entendiendo que animar a una persona deprimida no suele dar resultado, pero sabiendo también que el consentimiento de una situación así puede alargar el cuadro.

Por lo tanto tenemos que mantener los límites claros a sus obligaciones sin caer en la humillación (higiene, orden, estudios, relaciones).



EL DUELO

El duelo es una reacción normal a la pérdida de un ser querido. Generalmente se conforma de una serie de síntomas depresivos y puede durar un par de meses. Cuando la duración es superior y la intensidad del estado depresivo se mantiene o aumenta, se debe pensar en una incapacidad de la persona para superar este dolor interno.

El duelo que nos enferma se caracteriza por un sentimiento de culpa por las cosas (más que por las acciones) recibidas o no de la persona que ha muerto. Pensamientos o sensaciones de que hubiese estado mejor morirse uno que la persona querida o morirse los dos a la vez. Exceso de preocupación por todo con claros sentimientos de inutilidad. Lentitud física importante. Incapacidad para llevar el rimo productivo habitual anteriormente (intelectual, laboral, social, familiar).

Es bueno y humano respetar el duelo. La persona que queda tiene que llenar el vacío que deja la marcha del otro y, por lo tanto, eso requiere un tiempo.

Pero el objetivo de este proceso es el resurgir de nuevo, no el quedarse estancado en el pasado. Así pues, se debe respetar el duelo pero no permitir que pasado un tiempo (2 meses) la persona siga anclada en un deseo imposible de satisfacer.

Los adolescentes también pueden sufrir un duelo patológico. Quizás caerán en una depresión clásica pero a menudo es la indignación, la rabia, la irritabilidad lo que más se manifiesta. Y lo hacen a través de conductas inapropiadas para la persona: violencia, abandono de los estudios, marginalidad, drogas, trastornos alimentarios…. Detrás hay a menudo sentimientos de culpa o sensación de abandono.


En la próxima entrada concluímos el presente capítulo, en ella encontraréis la depresión por incapacidad de decidir y la depresión sin causa o endógena.

martes, 5 de junio de 2012

DEPRESION EN MENORES y ADOLESCENTES-1

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ESTADOS DE ÁNIMO EN LA ADOLESCENCIA

Consideramos que una persona está deprimida cuando su rendimiento general baja y la notamos apagada y triste.    

Esta sería la concepción de la depresión clásica, pero hay otros tipos de depresión en que la persona no se encuentra triste si no irritable. Los adolescentes suelen expresar los estados depresivos de una manera apagada e irritable.

No todos los estados depresivos se tienen que considerar depresiones. Para poder afirmar que alguien tiene una depresión se debe amoldar a la siguiente regla: como mínimo dos semanas en que casi todo el día y casi cada día la persona se encuentra triste (apagada) o irritable (en caso de los adolescentes).

En los adolescentes es muy típico que haya días o momentos depresivos (en los adultos también. Es aquello cuando decimos “hoy tengo un mal día” u “hoy todo lo veo negro”). En los adolescentes, la alternancia euforia-depresión es más frecuente que en los adultos. Y, por lo tanto, no nos tenemos que preocupar.

Cuando un adolescente manifiesta un estado depresivo suele ser causado por una frustración a sus demandas, intenciones, expectativas, creencias, etc.

Digamos que el adolescente se recalibra y, por lo tanto quiere encerrarse en su interior hasta que no integre aquello que le ha sorprendido. Una vez hecha la “digestión” de la causa, la persona recupera su estado de humor anterior.

Pero hay otros estados que sí nos tienen que preocupar… De éstos nos ocuparemos en los siguientes artículos.




¿CÓMO PODEMOS DETECTAR UN ESTADO DEPRESIVO?

1.       Sensación de tristeza o vacío, llanto inevitable sin causa aparente, irritabilidad en los adolescentes.

2.       Disminución importante en llevar a cabo o participar en actividades que provoquen satisfacción.

3.       Alteración de la conducta alimenticia: pérdida o aumento de peso.

4.       Insomnio o más ganas de dormir. Sobre todo despertarse a media noche.

5.       Lentitud física. También inquietud y nerviosismo.

6.       Sensación de agotamiento físico.

7.       Sentimiento de inutilidad, sensación de culpa constante sin haber causa objetivable.

8.       Disminución de la memoria y de la capacidad de concentración.

9.       Sensación de muerte o pensamientos suicidas.

Estos síntomas tienen que perdurar en el tiempo (15 días como mínimo) para poder considerar que la persona tiene una depresión grave. El resto de estados depresivos se manifestarán en algún o algunos de estos síntomas y posiblemente responden a una causa externa.

Así, podemos dividir la depresión en dos grandes tipos en función del origen. Cuando no hay un origen claro en el tiempo ni tampoco una causa clara y, cuando hay una relación evidente entre causa y depresión.

En el primer tipo estamos hablando de una depresión endógena y posiblemente de causa genética. En el segundo tipo hablamos de una reacción de la mente ante una causa exterior (frustración, imposibilidad de decidir, muerte de un ser querido, trauma psicosocial – un accidente -, enfermedad física grave e incapacitante…)

Las depresiones se tienen que tratar. Algunas precisarán medicación, otras no. Todas se beneficiarán de la psicoterapia.

Evidentemente el síntoma más peligroso es la intencionalidad suicida.

La próxima entrada hablaremos de las Depresiones Adaptativas y del Duelo en menores y adolescentes.

sábado, 26 de mayo de 2012

EL TRASTORNO ADAPTATIVO-1 Conceptos


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Bajo este nombre o diagnóstico se cobijan gran número de causas que cursan con una sintomatología clínica común. Entre ellas encontramos el burnout (o “síndrome del quemado laboral”), perder el empleo, ciertos grados de bullying escolar, el desahucio, las separaciones sentimentales, tener un familiar enfermo a cargo, haber sido víctima de un delito, la estigmatización social, etc.

Es decir, un Trastorno Adaptativo se genera cuando en la vida de la persona aparece un estresante puntual o crónico que agota psicológicamente al individuo. Dicho agotamiento se traduce en síntomas emocionales (afectivos o conductuales).

No hay que confundir el Trastorno Adaptativo con otros trastornos considerados más graves como el Trastorno por Estrés Agudo o el Trastorno por Estrés Post-traumático. La diferencia radica en la gravedad y complejidad de los síntomas (síntomas disociativos, p.ej.) que en los dos últimos son mayores y más variados que en el Trastorno Adaptativo, aunque las causas que lo generen de forma aguda (accidente, catástrofe, etc) puedan ser las mismas para uno u otro trastorno. Ello significa que dependerá de la personalidad y organicidad mental del individuo el que haya un tipo de trastorno u otro siendo la causa o desencadenante el mismo.

Tampoco podemos llamarle así si los síntomas o el trastorno que se desarrolla cumplen con criterios para otro trastorno mental parecido. Por ejemplo: el estado de ánimo en un trastorno adaptativo suele ser depresivo pero es como una depresión menor: los síntomas son pocos o no son demasiado intensos. Pero si los síntomas depresivos son graves y múltiples, no hablaremos de trastorno adaptativo sino de Trastorno Depresivo Mayor.

Luego creo que queda claro que un trastorno adaptativo es un saco donde se ubican trastornos mentales pero de características menos graves o complejas que otros trastornos mentales con nombre propio (depresión, fobia, angustia, trastorno por estrés post-traumático etc.) La condición es que ha de haber un estresante identificable.

Dicho estresante identificable ha de generar el Trastorno Adaptativo como máximo en los 3 meses posteriores a su aparición. Ello define la característica de evento que actúa de manera aguda sobre la vida de la persona.

Otra característica es que no puede durar más de 6 meses si el estresante fue agudo y puntual. Si el estresante se considera crónico (p.ej: estrés laboral, crisis empresarial o económica familiar), se entiende que el trastorno pueda tener una duración muy superior o ilimitada. Otro tipo de cronicidad puede aparecer por las repercusiones sociales, familiares, individuales o formativo-laborales que desencadenó un estresante agudo en un momento puntual. Por ejemplo: el aislamiento social ante un hecho ocurrido al individuo en cuestión y que la comunidad no acepta y lo alinea como puede ser un embarazo, una deformación facial por un accidente, una baja en el escalón social por la pérdida de empleo, etc.

Hay 6 apellidos para este nombre y su significado es el de poner énfasis en los síntomas predominantes en intensidad o relevancia:
  1. Con estado de ánimo depresivo. Llanto, desesperanza, alteraciones del sueño, de la libido, apatía, pensamientos catastrofistas, etc. Pero sin la intensidad o gravedad o complejidad de una Depresión Mayor.
  2. Con ansiedad. Aquí la predominancia son los componentes de las manifestaciones de la ansiedad: ansiedad flotante (sensación de ahogo, opresión en el pecho o boca del estómago, temblores, taquicardias o sacudidas del corazón, inquietud, miedo generalizado, etc).
  3. Mixto con estado de ánimo deprimido  y ansiedad. Es el más frecuente y combina los dos anteriores.
  4. Con trastorno del comportamiento (conducta). Este subtipo debe usarse cuando la manifestación predominante es una alteración del comportamiento, en la que hay una violación de los derechos de los demás o de las normas y reglas sociales apropiadas a la edad (p. ej., vagancia, vandalismo, conducción irresponsable, peleas e incumplimiento de las responsabilidades legales).
  5. Con alteración mixta de las emociones y comportamiento: es la conjugación de todos los descritos.
  6. Inespecífico. Es el cajón de sastre de cada trastorno. Significa que cumple los criterios para el trastorno pero no sabemos a qué se debe o sabiéndolo no se encuentra codificado en el mismo. Por ejemplo sería así en el caso de que la reacción al estresante fuera que la persona no quisiera ir al cole pero sin la gravedad en la esfera de ansiedad que produce una fobia. También le pondremos esta etiqueta si su duración es superior a 6 meses pero el estresante o sus consecuencias hace más de 6 meses que dejaron de incidir.
El tratamiento de elección son los antidepresivos (con o sin ansiolíticos) y la psicoterapia. En este caso, los antidepresivos permiten cortar con los síntomas, arreglar el desajuste de neurotransmisores y proporcionar al paciente la seguridad y tranquilidad que precisa para afrontar una psicoterapia que irá encaminada a tratar los efectos del estresante en la persona que los padece.

La psicoterapia en este trastorno ha de ser breve (unos 3 meses) y el uso de antidepresivos también, unos 6 meses.

Si con este lapsus de tiempo no se ha resuelto el trastorno y este hace 6 meses que dejó de incidir, así como sus repercusiones, hemos de empezar a pensar en otro tipo de diagnóstico que explique la persistencia de la patología y la inoperancia de los fármacos y la psicoterapia.

En la siguiente entrada hablaré de las diferencias individuales en la reacción al impacto de un mismo estresante y de cuales son las soluciones que anima un psicoterapeuta en el tratamiento del Trastorno Adaptativo.

domingo, 6 de mayo de 2012

EL TRASTORNO BIPOLAR-2. Tipos y Tratamiento Depresión


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TIPOS DE TRASTORNOS BIPOLARES
 
Este es un apartado un poco liado pero ilustrativo si se explica bien.


Hay dos subtipos de TB: el I y el II.



Para entenderlo pongo un esquema:
  1. Trastorno Depresivo es un episodio depresivo sin antecedentes de episodio maníaco.
  2. Trastorno Bipolar I es un episodio maníaco o mixto con o sin la existencia de un trastorno depresivo.
  3. Trastorno Bipolar II es un episodio depresivo seguido por un episodio hipomaníaco.
Hay que fijarse bien en las definiciones para comprender el puzle.

De bien seguro que surgen preguntas como:
  1. ¿Por qué no se le llama Trastorno Maníaco a sufrir un episodio maníaco sin existencia de un trastorno depresivo?
  2. ¿Por qué es necesario un episodio depresivo para tener un TB-II y no en el TB-I?
  3. ¿No se puede tener un episodio hipomaníaco sin tener una depresión previa?

Pero antes de responder, aclaremos dos conceptos:

Episodio mixto: es cuando se alterna a lo largo del día y de los días de manera seguida episodios depresivos graves con episodios maníacos en toda su intensidad y características. Hay que diferenciarlo del mismo cuadro que se produce cuando en una depresión grave se administran antidepresivos y se produce un viraje maníaco o hipomaníaco (ver después).

Los episodios mixtos son graves y extenuantes para quien los sufre y suelen dejar perplejos a los familiares o acompañantes.

Episodio hipomaníaco: es parecido al episodio maníaco pero la intensidad de los síntomas no es tan grave en el sentido de la afectación del sueño, las incoherencias, etc. Y no existen síntomas psicóticos (delirios o alucinaciones) habituales en los episodios maníacos. No hemos de confundir a estas personas con las personas hiperactivas de siempre; aunque algunos parecen realmente estar en un episodio hipomaníaco constante.

¿Por qué no se le llama Trastorno Maníaco a sufrir un episodio maníaco sin existencia de un trastorno depresivo?
Hemos de tener en cuenta que más de la mitad de las personas que sufran un episodio Maníaco, este precede o sigue de manera inmediata a una depresión (sin pasar por una fase de eutimia).

De todas maneras hay pacientes que solo han manifestado fases maníacas pero según decidieron los expertos que consensuaron el DSM-IV-TR, a ello debe de llamársele Trastorno Bipolar I.

¿Por qué es necesario un episodio depresivo para tener un TB-II y no en el TB-I?
La clase TB-II pretende indicar a una persona que habiendo padecido una o más episodios depresivos, uno o más de ellos van seguidos de un episodio hipomaníaco.

Aquí se entiende que el objeto clave es la hipomanía ya que muchos pacientes acabarán teniendo una fase maníaca franca, pasando a ser TB-I


TRATAMIENTO

Depresión:
El tratamiento de base son los antidepresivos pero antes de hablar de ellos quisiera que se parase atención en este hecho: en el tratamiento de la depresión los cambios de fármacos suelen ser comunes y frecuentes. Las razones son 2:
  1. No a todas las personas les va bien un determinado antidepresivo.
  2. Hay depresiones resistentes que requieren de la aplicación de un protocolo.
Yo los clasifico en tipos según los efectos colaterales que he podido observar en ellos de los cuales me quiero beneficiar:
  1. Potencia: hay de más potentes como la Clomipramina (Anafranil-R) o la Paroxetina (Seroxat-R) y de menos potentes como la mirtazapina (Rexer-R), la Trazadona (Deprax-R) o la Duloxetina (Cymbalta-R).
  2. Sobrepeso: hay que casi siempre crean sobrepeso como la Clomipramina o la Paroxetina o la Mirtazapina. Otros pueden crearlo más que no, como el Citalopram (Seropram-R), Sertralina (Besitran-R), el Es-citalopram (Esertia-R). Otros no suelen crear sobrepeso y pueden adelgazar, como la Venlafaxina (Vandral-R) o la Trazadona y otro suele adelgazar: la Fluoxetina (Prozac-R).
  3. Estimulación o Sedación: la Fluoxetina y la venlafaxina suelen ser estimulantes, los demás por lo general causan un efecto positivo sobre la ansiedad y el estado de ánimo. La Venlafaxina también se usa para el tratamiento de las crisis de pánico pero se la considera más estimulante que el resto.
Para evitar los efectos indeseables de los primeros días: ansiedad, intranquilidad, dolor de cabeza, nauseas, diarrea o estreñimiento es obligado subir las dosis muy poco a poco. Por ejemplo si el objetivo es 20mgr/día, hay que empezar con 10 o con 5 y subir cada 5 o 7 días. Los primeros días es muy útil tomarlo después de las comidas.

Si no hay sintomatología psicótica (lo más frecuente) no se usaran sedantes o antipsicóticos.

Anisolíticos: suelen usarse ya que la ansiedad es un síntoma común en la depresión y ayudan a que no se dé ansiedad en el inicio de la toma de antidepresivos.

Hipnóticos: yo no recomiendo usarlos porqué los ansiolíticos ya hacen su función y por qué uno de los síntomas que antes responde al tratamiento con antidepresivos es el sueño.

Así tenemos el tratamiento de ataque de la depresión.

¿Qué pasa si no hay respuesta? Se recomienda esperar entre 4 y 8 semanas pero ello no lo aguanta nadie. Yo recomiendo esperar como mucho 15 días y revisar:
  1. Si la depresión no mejora, lo aconsejable es,
    1. o subir dosis del mismo antidepresivo,
    2. o cambiarlo por otro a dosis equivalentes.
  2. Si tras 15 días no mejora aplicaremos la opción que no empleamos en el anterior paso.
  3. Si tras 1 mes y medio, la situación no mejora nos planteamos añadir un potenciador de los antidepresivos. Hay 3: el Litio, las hormonas tiroideas o las anfetaminas. Yo solo uso el Litio por cuestiones de seguridad.
  4. Si a los 2 meses no hay respuesta subiremos al máximo las dosis de los antidepresivos y del potenciador.
  5. Teóricamente si sigue sin haber respuesta se ha de valorar la terapia electroconvulsiva (electro-shock). Nunca he llegado al extremo de planteármelo.
Por ello, a los pacientes con depresión lo primero que les pido es paciencia y confianza.

Cuando la respuesta es positiva a lo largo de 1 mes, yo suelo sacar de la pauta a los ansiolíticos.

Recordemos que el tratamiento de la depresión ha de durar la primera vez entre 6 y 12 meses. Si al sacarlos reaparece la depresión en un tiempo corto, habrá que plantearse el uso de antidepresivos (si la respuesta es positiva) de por vida (más de 3-5 años).

Una advertencia: cuando la gente está bien, a veces se olvida de tomar el antidepresivo y suele aparecer lo que se conoce como el síndrome de retirada. Se inicia con vértigos y náuseas. Si no se ataja (tomando la dosis correspondiente olvidada) el síndrome se agrava y puede llegar a ser muy molesto aparte de que la recaída a la depresión es posible.

Los antidepresivos se han de retirar más despacio de cómo se introdujeron.
Si se hace de manera correcta, la persona no nota la retirada.

Los efectos indeseables crónicos con los que más me he encontrado son:
  1. Metrorragia e hipermenorrea (reglas muy largas y copiosas). Hay que comentar que en dicho caso todos los antidepresivos están contraindicados.
  2. Sequedad de boca, sudoración de manos, temblores de manos. Hay fármacos que pueden ayudar a combatir de manera sintomática dichos efectos.
  3. Dolor de cabeza. Es un síntoma que puede presentarse en los primeros de las subidas de dosis (2 o 3). Si persiste a lo largo del tiempo hay que valorar el cambio de antidepresivo.
  4. Hipertensión arterial. El que más la causa es la Venlafaxina; por tanto cuando una persona que empieza con dicho fármaco se nos queja de dolor de cabeza al revisar la pauta a los 3-5 días, hay que indicarle que se monitorice la tensión arterial durante una semana para ver lo que ocurre. Si hay hipertensión arterial hay que cambiar el fármaco de manera inmediata.
  5. Alteración de la conducta sexual. Ahí sí que hay problemas. Cualquier antidepresivo puede producir falta de deseo (descenso de la líbido) o dificultad para “acabar”. Si el cuadro depresivo ha cedido, la culpa la tienen los antidepresivos. Podemos probar de hacer cambios con otros antidepresivos. Hay personas que responden bien y otras no. Habrá que valorar con el paciente la retirada o no del fármaco.

Y una última cosa: la gente piensa que tomar un antidepresivo significa tomar algo parecido a una droga. Ello no es así. Una droga psicotrópica cambia tu manera de ser y de percibir. Un antidepresivo solo afecta a la interpretación de la vida pero tú sigues siendo tú. Un antidepresivo no te “coloca”.

La próxima y última entrada del capítulo versará sobre el tratamiento de la Manía, de la combinación de Manía y Depresión, y del episodio Mixto.